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martes, 10 de junio de 2014

Una mañana campestre, de la sociología al peluchito, Estancia Loretito, Corrientes, Argentina

Con la gente del Turismo quedamos en realizar una actividad de campo, aprovechando que tenían que ir a la estancia para carnear un cordero y llevar provisiones para los hombres que allí viven.
Salimos bien temprano y nos metimos de lleno en un territorio que bordea al Estero del Iberá, el camino es una huella utilizada por la gente ligada a las explotaciones agropecuarias, a pesar que la cartografía oficial marca que transitamos por la ruta provincial 22, a los costados altos pastizales, mas allá islas de monte vírgen nos recuerdan que alguna vez el paisaje fue muy distinto, por todos lados, pájaros, muchos y diversos, toda la zona es un paraíso para aquellos aficionados al avistaje y fotografía de especies aladas.
La charla se hace amena, hablamos sobre la diferencia entre Parque y Reserva Natural, hablamos de Tomkins, sus fundaciones, sus actividades, hablamos del Iberá por tierra y las excursiones lacustres, hablamos de engaños, picardías, gauchos, carpinchos, traiciones, caudillos, gallinas que suben escaleras, monstruos de río, hablamos mientras tras la ventanilla muchas de esas palabras toman cuerpo.
Todas las noches, las gallinas trepan por esa escalera y se van a dormir al árbol, no me pregunten por que tal cosa me parecía un imposible, quizás sea por el estigma que pesa sobra la especie, quizás se deba a un profundo desconocimiento sobre el comportamiento animal, el hecho es que hasta el día de hoy desconfío de tales proezas gallináceas.
Carpincho, facturas de cerdo, trozos de asado frío, pan casero, café, facturas de panadería, desayuno para todos (los gustos) y la libertad para deambular por el predio mientras el capataz y dos peones se preparaban para carnear el cordero.
Nunca había participado de esta actividad tan común en cualquier explotación agrícola, quizás por eso el proceso de encerrar al rebaño, elegir a la víctima, matarla y prepararla para posteriormente ser asada, excedió a simplemente eso, una actividad casi rutinaria para cualquier persona ligada al medio rural, pesó sobre mí de otra manera, empezando por el mismísimo comportamiento del rebaño compuesto por una veintena de animales blancos y tres marrones, por algún motivo inexplicable los tres diferentes quedaron en primera fila, listos para ser elegidos por el verdugo, mientras las restantes se protegían entre ellas por detrás  de la línea de las oscuras, luego el momento de la elección y el instinto de las posibles víctimas de apretujarse una contra otra casi desapareciendo como individuos y conformando una masa única a excepción de las que quedaron en primera fila, ahí puedo asegurarles que el terror se notaba en sus ojos, el pánico se desnudaba en la mirada de aquellas que habían quedado expuestas, y por último la elección del verdugo, una sobre veinteytantas y una actividad tan común, para mí se convertía en el general de millones de actos de violencia, ese rebaño con miedo, se convirtieron en todos los rebaños con miedo asolados por un poder que genera terror, condiciona internamente al grupo, elige a su víctima y precede contra la misma con la saña del odio no trabajado.                                                                                                       Luego vendrá la destreza del especialista, un cirujano el hombre, inobjetable en su labor de no dañar carne y cuero.
Pasadas las 10:00 volvemos para Ituzaingó, por la tarde nos perderemos por los caminos internos del Iberá buscando fauna, que me prometen será abundante.
El camino de regreso nos depara el encuentro con el primer yacaré, será el único del día, será cierto que por la tarde me voy a cansar de ver bichos grandes, nuevamente estoy sufriendo un ataque de todonegativismo, señal que todavía no estoy completamente curado, deberé aumentar la dosis del confiol y el desengañolito.
 Vieron por que me había bañado y comido lo suficiente la noche anterior, si llegado el caso la víctima elegida era yo, no está bueno que el bicho se intoxique, y de paso, admito que la foto que sigue es la típica imágen de almanaquito, pero...no parecen peluchitos.

2 comentarios:

  1. Cuántas cosas en un solo post!!!! A ver, si hay algo que tengo claro, es que soy una perfecta hipócrita en estos temas...invitame a comer un asado, y voy feliz, pero no me pidas que presencie estas "matanzas" tan naturales para la gente de campo, porque lloro un año seguido, y me queda una culpa demasiado pesada, tanto que empecé y abandoné mil veces el intento vegetariano. Soy muy hipócrita...demasiado, casi no pude terminar de leer tu post! Gran abrazo, con gran culpa.

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  2. No llores más muchacha...
    Harto cierto y todavía tengo grabada la mirada del bicho en cuestión un segundo antes de la certera estocada, en ese segundo los actores en juego se transformaron en todas las víctimas y verdugos enfrentados a sus destinos a lo largo de la historia.
    Pero de eso se trata la aventura del conocimiento, estar en un lugar, presenciar un acontecimiento y poder relacionar.
    Difícil no sentir culpa, sobre todo si el sufrimiento ajeno no nos es tan ajeno.
    Gracias por tu sinceridad que desnuda a una persona maravillosa.
    Abrazo!!

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