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jueves, 19 de junio de 2014

Patrimonio Humano Vivo, María Silvia Chapay o la vida en clave Guaraní, Loreto, Corrientes, Argentina

El décimo día comienza bien temprano ya que a las 7:00 salgo para mi último punto de interés, una pequeña ciudad en la que todavía late el corazón Guaraní que la vió nacer hace 197 años.
Para encontrarse con las razones que dieron orígen al pueblo nos debemos remontar aún muchísimo más atrás en el tiempo.
La fundación de la reducción de Nuestra Señora de Loreto ocurre durante 1610, en tierras más allá de las Cataratas del Iguazú, en la región del Guaira, pero debido a los ataques de los portugueses se tuvo que trasladar más hacia el sur y se instaló en la actual Provincia de Misiones en 1631, allí tampoco tuvo paz y su pueblo en un épico y dramático éxodo termina asentándose en la zona de Loma de Yatebú en la Provincia de Corrientes durante 1817.
"La fundación de Loreto en Corrientes es un episodio único en la zona y merece que su tradición sea conservada como testimonio de un triunfo de la fe, que edificó un pueblo con las reliquias de otro".
Las palabras de Don Pedro de Armengol Alegre testimonian la epopeya de un pueblo en desesperada huida tras los despiadados ataques de los Mamelucos, bandoleros brasileros que asolaban las reducciones jesuíticas, ellos trajeron a su nuevo mundo todo el bagaje cultural, todas las imágenes guaraníes-jesuíticas que todavía se conservan en la antigua capilla devenida en Museo y en casas de familias descendientes de guaraníes, donde en pequeños oratorios luce todo el centenario material, testimonio de ese arte mestizo, con características personales que lo convierten en único e irrepetible.
Las calles de Loreto son de arena, las casas tienen techo de tejas y amplias galerías, hay cuadras enteras en donde el tiempo quedó detenido en el momento fundacional.
El caudillo oriental José Gervasio Artigas encontró en los pueblos de la Misiones a los hombres que fueron sus aliados en la lucha contra el invasor portugués que ocupaba la Banda oriental. Las fuerzas ocupantes se unieron con las del dictador supremo del Paraguay José Gaspar Rodríguez de Francia, para atacar y destruir a los guaraníes misioneros, que eran la fuerza de choque del libertador Artigas.
Los insurgentes atacan los pueblos, ordenando el dictador supremo el traslado forzoso de las familias guaraníes de los pueblos del Paraná, llevándose todo lo que pudiera ser transportado, dejando sólo ruinas que garantizarían que allí no volverían a instalarse los artigueños. Esta acción se llevó a cabo de inmediato, pero muchas familias huyeron y se escondieron en los montes, llevando consigo algunas imágenes religiosas tan sentidas por ellos como la de la Virgen de Loreto. El éxodo de las familias continuó por las costas del Alto Paraná, para luego bajar por las partes altas de las ricas formaciones aluvionales que se encuentran entre los afluentes de los ríos Iberá y Santa Lucía. Es precisamente en la zona conocida como Loma de Yatebú que una parte de ese grupo en retirada funda el asentamiento de Loreto, mientras que otra continúa más al sud estableciendo el pueblo de San Miguel.
Durante el éxodo se destacó la figura de Don Blas Chapay, sacristán de la iglesia de la Corpus misionera, también destruída por los insurgentes, que a falta de sacerdotes, atendió en todo momento y ya en la nueva población los asuntos espirituales de la comunidad, colaborando activamente en la organización política del nuevo emplazamiento.
Entro en la Municipalidad y pido algún tipo de información turística, me contactan con Don Miguel Ojeda, Secretario de Cultura, quién resultó ser un apasionado por la historia de su pueblo, una persona con mil proyectos en la cabeza, muchos de ellos realizados, otros en construcción y muchos proyectados a futuro, siempre con el eje puesto en la revalorización del acervo cultural de raigambre guaraní. Verborrágico y como escribí antes, apasionado, me invitó a realizar un recorrido informal por los puntos destacados de Loreto, comenzando por el "nuevo" edificio que albergará a la Dirección de Turismo, se trata de una construcción que alguna vez supo ser el almacén de ramos generales, centro del consumo de toda la localidad y campaña.
Como vemos las paredes se reconstruyen utilizando el mismo barro original, en un gesto que materializa el concepto de conservación y revalorización de la historia, pienso que quizás el haber derrumbado al centenario edificio, para erigir en su lugar otro moderno siguiendo los dictados de las revistas que marcan tendencia en la arquitectura actual hubiera significado para la gestión de cultura un reconocimiento entre los cultures de la "modernidad", pero siento que la decisión tomada es absolutamente consecuente con el respeto por la historia que late viva en cada centímetro cuadrado de Loreto.

Continuamos la recorrida por el monumento que contiene al hito fundacional, seguimos por la laguna, nos internamos por arenosas calles profusamente arboladas y nos detenemos en las capillas domésticas, un clásico de Loreto, lamentablemente el Museo ubicado en la primitiva iglesia se encuentra cerrado a la espera que se termine el reciclado de algunas obras de arte ubicadas en su interior, lástima que tanto celo academicista prive a un viajero el contemplar la belleza del arte que no es propiedad exclusiva del inquilino ocasional del templo-museo.
Devociones que tienen que ver con la Virgen de Loreto, con San Roque, con Santa Rita, pequeñas capillas que se abren cuando llega algún promesante o cuando se conmemora la fiesta del advocado.
En cada una de las visitas la gente se brindaba al diálogo, notando las ganas que tienen de comunicar su fe, sus problemas, sus proyectos, en todo el recorrido sentí y viví ese contacto con los vecinos, quizás allanado por la presencia del Secretario de Cultura, que recibía señales de afecto en cada parada que realizábamos.
En un momento le pregunto por María Silvia Chapuy, una mujer de noventa y tantos declarada Patrimonio Humano Viviente, me mira y me dice, uy! hoy está de visita en Loreto la Señora Diputada autora del proyecto para consagrar a María Silvia con tal distinción, lo voy a llevar con ella.
-No se moleste por favor, demasiado está haciendo por mí.
-No, le va a encantar hablar con ella, es muy dinámica y hace mucho por la comunidad.
Vamos a su encuentro antes que visite una escuela, me presenta, me presento y le digo que me parece sensacional que se reconozca el valor cultural de una persona, más si esa persona es historia viva, historia anónima, no del pomposo tipo ciudadano ilustre acunado por mediáticos para mediáticos.
Intercambio unas palabras con ella, me cuenta que tiene muchas actividades programadas, que hay tanto por hacer mientras algo ya se está haciendo, le creo, más si me atengo a las muestras de afecto que le proporcionan vecinos de paso y más cuando me enteré que no pertenece a un partido tradicional en una Provincia en donde lo tradicional es número puesto.
Diputada Sonia López 
Me despido de la Diputada y de Miguel, y mientras ambos se sumergen en sus actividades yo voy en busca de Doña María, la curiosidad por cruzar dos palabras con un Patrimonio Humano Vivo es muy seductora.
Para llegar hasta su casa hay que dejar Loreto, subir a la nacional 118, recorrer unos kilómetros y desviar por una pequeña huella que termina en un caserío casi rural. Pregunto por ella, me dicen que está en la cama, que tiene un poquito de frío, pero que puedo pasar, que le gusta recibir gente y sobre todo hablar.
Recostada en su cama, junto al infaltable altar familiar encuentro a María Silvia Chapay, bisnieta de aquel sacristán del Corpus misionero que actuó como pilar de fe durante el éxodo del pueblo guaraní, ella en una media hora de monólogo me contó toda la historia que después encontré casi textual redactada en varias páginas que hablan del pasado de Loreto, y recién ahí comprendí el porqué del Patrimonio Humano Vivo, María es un libro viviente, ella es la historia viviente y su memoria es prodigiosa, me narró nombres y acontecimientos que después corroboré en los datos históricos volcados por los cronistas consultados.
De derecha a izquierda, el Secretario de Cultura, Miguel Ojeda, la Señora Diputada Sonia López y Dona María en el centro de la escena.
La saludo con un beso, me emociono ante ella y no puedo dejar de pensar en cuantos kilómetros de tinta se utilizan para evocar a tanto/a idiota que siento vergüenza, haciendo un mea culpa que incluye una toma horrible producto de mi tozudez en no iluminar el área por respeto o cuidado.
Vuelvo a la ruta, vuelvo a Ituzaingó a la espera del Tigre Iguazú que me depositará en Santiago del Estero a las puertas del arca perdida.
Santiago me recibe con lluvia, desde las 4:00 hasta las 13:00 hora en que parto para Colonia Dora, durante esas 9 horas dentro de la estación me sentí el Tom Hanks criollo haciendo una pobre remake de La Terminal, luego vendrán el tiempo del reencuentro, los agradecimientos, las explicaciones, la culpa, una breve estadía en el lugar de los hechos, un rico café, una hermosa charla con Noelia y la vuelta a casa.
Fueron once días intensos donde peleé con la selva y con insectos gigantes mutados por el glinfosato asesino, donde conocí gente valiosísima con muchas ganas de hacer y comunicar y gente honesta a pesar de las tentaciones, días de hambre y atracones violentos, noches de cielos naranjas y noches de insomnio forzado, tiempos muertos, reflexivos, contemplativos, momentos en donde la muerte tomó protagonismo y momentos en que la vida celebró su esplendor, pasajes en quechua, qom y guaraní, síntesis de una Argentina transversal entre la yunga norteña y el bravo río marrón.
La última foto, Santiago del Estero

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