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sábado, 29 de junio de 2013

Rumbo a las 15 estaciones menos una. Buenos Aires, Argentina

El fin de semana largo de junio sirvió para capturar imágenes de pueblos, parajes y ciudades de ese interior cercano pero profundo a la vez, cercano en distancias, pero distante en cuanto a usos y costumbres.
La historia prosigue en :
http://caminandolapampa.blogspot.com.ar/

miércoles, 26 de junio de 2013

Somos los piratas....En algún lugar del Río Paraná, Santa Fe, Argentina

Y de repente todo se volvió laberíntico y gris, el viejo lobo de río se lanzó al agua (vestido), buscando vaya uno a saber que historia perdida, el joven genio terminó su botella de Resero y aullaba como lobizón con caspa, mi amigo se desprendía de su vestimenta para suplir la mojada ropa paterna y quién relata tan solo atinó a decir, ché y si nos vamos...
A esta altura de la tarde noche y con tormenta en ciernes el cuadro de situación era el siguiente, mi amigo manejaba su lancha desnudo, el hombre de río iba tieso como mascarón de proa, el nerd fantaseaba con...
y en mi pensamiento rondaba la idea del porqué no le hice caso a mi vieja cuando me quería mandar a practicar natación al club del rioba.

Esquivando monstruos de río nos proclamábamos como la reencarnación litoraleña de los piratas somalíes, aquellos delirantes que asaltaban tanqueros en el golfo pérsico, con la diferencia que nosotros estábamos para ser capturados por el Sargento García y condenados por el comisario de Hijitus.
El último vals lo bailamos bajo las demoníacas estructuras de la transnacional Cargill, un fantasmal conjunto de construcciones que emergen de las amarronadas aguas del Paraná como verdaderos gigantes invencibles.
Creo que me va a resultar muy difícil olvidarme de esta travesura, sobre todo por ciertas imágenes muy simbólicas, los barcos, las mega estructuras y su significado en la historia, la noche que todo lo devoraba, la ciudad de la furia luciendo frente a un espejo imaginario y la temeraria actitud de tres payasos y un hombre de yeso jugando a los piratas desde un barquito de papel.

viernes, 14 de junio de 2013

A la isla en bote, o la calma bajo el último sol de otoño, Entre Ríos, Argentina

Si confieso que nunca antes había cruzado el Paraná en lancha, poca gente quizás lo hubiera creído, pero es totalmente cierto, pasaron cincuenta y tantos octubres para que me encontrara por primera vez con una geografía distante a no más de cinco kilómetros de la mesita de luz. El día elegido fue propicio, el clima fue generoso y los compañeros de aventura, dos navegados lobos de río y un nerd, máster del MIT, provocaban a priori la sensación que los momentos que se avecinaban podían ser de colección. Partimos desde la guardería con equipo como para una travesía de dos años por el Orinoco, es que siempre te parece que ante cierto aislamiento hay que estar preparado con muchos elementos que seguramente nunca vas a utilizar. Atravesamos al río marrón, acariciamos el puente a Victoria y nos perdimos entre riachos e islas cada vez mas urbanizadas.
Como saben de mi gusto por los naufragios me condujeron hasta dos, una vieja chata ganadera, reciclada y pintada en honor a Domínguez el pintor de las islas, que tiene su museo y su historia en la cercana Isla Charigüé, y otro transporte que encalló con armazones de pilotes que nunca llegaron al obrador del puente Rosario-Victoria, mientras sacaba las fotos, padre e hijo pescaban con una parafernalia propia de esos buscadores de monstruos de río y el genio había descubierto un líquido extraño, amorronado y fragante llamado Fernet, justo él que había tenido su única experiencia con la bebida a través de dos bomboncitos de licor Felfort que algún sádico alguna vez le osó convidar.
Pasado el mediodía urgía la necesidad de encontrar el lugar indicado para armar la ranchada, hecho que no deparó ningún inconveniente teniendo a dos conocedores de tan vasta y bella geografía. Una isla habitada tan solo por ganado, con buena arboleda y fácil acceso fue el lugar elegido e inmediatamente se puso en movimiento la división gastronómica, asado, mariscos, fideos chinos y vegetales salteados, navegados con buena bebida y cientos de anécdotas.
La primera mitad de la historia entre islas, alisos, recuerdos, promesas, hazañas, chorizos, langostinos, vinos de Colomé y aspirinas para el ingeniero devenido en Joe de la selva, nada hacía presumir el descontrol que marcaría el alocado camino de regreso.