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sábado, 14 de junio de 2014

Por las tierras del Señor de los Esteros, Portal Camby Reta, Iberá, Corrientes, Argentina

Ubicado en el centro-noreste de la Provincia de Corrientes, el Iberá con una superficie de 1,3 millones de hectáreas es el segundo humedal más importante de Sudamérica después del Pantanal en Brasil. En términos generales el Iberá es una cuenca hidrológica alimentada por agua de lluvia, que debido al bajo escurrimiento asociado a un terreno prácticamente plano, conserva más de la mitad de su superficie cubierta por agua.
Pero no todo es agua en el mundo de los esteros, los bordes están compuestos por tierras altas cubiertas de pastizales, sabanas y montes, esta combinación de tierras anegadas y secas hace que el Iberá albergue una fauna y flora de excepcional riqueza.
La Reserva Natural Provincial fue creada en 1983, y cubre la totalidad de la cuenca hidrográfica del mismo nombre, la coincidencia de los límites geográficos y administrativos es la principal fortaleza de su diseño como área protegida.
Actualmente el 40% de las tierras que componen la reserva pertenecen a tierras fiscales que componen el Parque Provincial, tierras intangibles, o sea que en ellas está prohibida cualquier modificación del estado natural, el sesenta restante está en manos privadas en donde se permite la explotación ganadera y el uso para el turismo.
Una parte muy importante de estas tierras privadas están en manos de la CLT, (Conservation Land Trust) propiedad de Tompkins, quién aboga por la creación del futuro Parque Nacional Iberá, a través de la etapa inicial denominada Proyecto Iberá, en donde se propone conservar y restituir gran parte de la flora y fauna degradada  durante años de inacción estatal.
La figura de este personaje es muy controvertida, mi posición es general y no comparto que la tierra esté en manos de extranjeros, ni en manos de locales que la utilicen desmonte mediante para otra explotación que no sea la nativa, sea quién sea el personaje en cuestión, pero aquí la figura de Tompkins adquiere otro vuelo debido a que hace y mucho por la conservación de los esteros, ha reincorporado fauna que se creía extinguida, ha mantenido en perfectas condiciones las zonas en donde habita la fauna grande, ha construído edificios para el establecimiento de áreas para visitantes y guardaparques, tanto los propios como los estatales, ha hecho lo que el estado no hace, y eso para aquel que transita por la zona todos los días es importantísimo. Las dos visiones, las de los locales y las lejanas, con una alta connotación ideológica que sostienen que han venido por el agua del Acuífero Guaraní.
Pasadas las 3 de la tarde me pasa a buscar la gente del turismo Diversidad y encaramos por la nacional 12 rumbo al sur para luego desviar rumbo al portal Cambyretá, una de las áreas protegidas que conforman el estero. Mi guía me advierte una y otra vez que tenga paciencia que lo bueno, bueno está al final del recorrido, ya que las áreas del principio pertenecen a estancias y tierras dedicadas a la explotación de pinos y ahí la fauna nativa es escasa o nula. Atravesamos tranqueras, cinco o seis en todo el recorrido y sacando pájaros ni siquiera nos cruzamos con un grillo suicida, mientras consumíamos kilómetros y bellos paisajes mi desconfianza natural aumentaba, pero la seguridad de la gente del turismo primaba sobre mi ansiedad.
La primera parada la efectuamos en una zona de monte vírgen con el objetivo de encontrar al mono carayá que habita en ese ecosistema, me advierte que no siempre ocurre y le digo que ya tuve encuentros cercanos con la especie, tanto que una vez recibí la bendición por parte de uno de ellos, ocurrió durante la visita a la Mansión de Invierno en Empedrado, cuando de repente siento que empezaba a caer agua sobre mi cabeza, agua amarilla digamos, agua de oro o pisho de mono si somos más brutales.
Ya falta poco, ya vamos a entrar en las tierras de Tompkins y ahí va a poder ver como cambia todo.
En realidad no me imaginaba como una tranquera podía separar dos mundo diferentes, hasta aquí no nos cruzamos con ningún animal grande, ni carpincho, ni yacaré, ni menos ciervo del pantano, ni mono, ni grillo...
Cruzamos otra tranquera y mi Amigo guía me dice, prepare la máquina que entramos a las tierras de Tompkins, a esta altura las tierras de Tompkins me sonaban a un mundo de fantasía diseñado por la maquinaria mediática del Señor de los Esteros.
En un momento el camino de tierra desaparece y comenzamos a transitar por un espacio verde, casi un césped, llegamos a una bifurcación, ahora vamos por la senda de la derecha y a la vuelta entramos a la zona de los guardaparques me dice mi Amigo guía, vé, vé como comenzamos a ver fauna, mire, mire, mire, mire, mire.....mire.
La mente enferma todavía no aceptaba la realidad, en realidad se trataban de Cyborgs, o el maquiavélico Señor de los Esteros le implantó un chip para controlar a cada uno de ellos, sonreirle al visitante, mostrar el brillo de su canino superior, posar para la selfie e irse manso y tranquilo para otro remojón a la espera de un nuevo viajero.
El hecho que demuestra que aquí las cosas se hacen bien, es el comportamiento de los animales me dice mi Amigo guía, vé, nosotros tenemos que esquivarlos, no se mueven del camino, no nos tienen miedo, somos otra especie más en su mundo, y sí es totalmente cierto, no se espantan cuando uno se acerca hasta una distancia prudencial, ni siquiera mientras  las hembras amamantan las crías se impacientan, siguen como si nada extraño ocurriera a su alrededor.
Llegamos al final del camino habilitado, regresamos en busca del área de guardaparques, el sitio en donde se vé más fauna, más todavía, y sí no quería ver yacarés, ahí va a poder caminar entre ellos, siguiendo mis recomendaciones claro está.
Todavía faltaba ver al animal estrella del estero, el ciervo de los pantanos, el éxito o no de la travesía se mide por la cantidad de animales de esta especie que se logran divisar durante el trayecto, nosotros vimos 8, cifra que excede lo habitual y eleva a la categoría de espectacular la experiencia Iberá.
Llegamos nuevamente a la bifurcación del camino, mi guía me invita a bajar para caminar los dos mil metros que separan el desvío de la tranquera que protege al sitio de los guardaparques.
Las recomendaciones básicas comprenden no hacer ruidos o movimientos bruscos o molestos, no acercarse a más de un metro de los yacarés ni impedir u obstruir sus desplazamientos, precauciones elementales cuando hablamos de fauna nativa y fauna con un importante nivel de ataque.
Mis amigos, la gente de turismo tenía toda la verdad, ese tramo de camino estaba colmado de fauna, fauna impávida que en muchos casos ni siquiera se movía.
No había gente en la sección de guardaparques, durante el camino nos habíamos cruzado con uno de CLT, que iba para Ituzaingó. Las dependencias se encuentran en perfectas condiciones, los baños impecables, el césped perfecto. Tomamos café y chipá mientras la puesta de sol se nos venía encima.
Volvemos, con el Iberá creo haber cerrado el círculo de haber conocido todos los sitios "importantes" de la Argentina turística tradicional, la experiencia colmó y excedió las expectativas, la gente tenía razón en todo lo que me anticipó, la cantidad y diversidad de fauna, más de cien yacarés, otro tanto de carpinchos, ocho ciervos, infinita cantidad de pájaros, todo lo dicho sobre el Señor de los Esteros se cumplió al pie de la letra y justifica la visión que los locales tienen sobre su participación en la región. Sólo me resta el gracias final por la aventura que me devolvieron y el compromiso de divulgar la excepcional belleza del lugar.
http://www.proyectoibera.org/quienessomos.htm

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