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lunes, 1 de octubre de 2012

Los últimos sobrevivientes, restos de la Ciudad de Invierno, Corrientes, Argenruina

En determinado momento se abandona el caminar por la costa para por donde se pueda trepar la barranca, una vez arriba de repente uno se sumerge en una selva espesa, húmeda, fragante, crujiente que parecería no tener fin, no hay senderos, no hay datos mas allá de saber que las ruinas están por allí. Los cuidados se intensifican, las sensaciones también, expectativas y ansiedad, miedo y emoción segregan adrenalina y tu ser sintoniza con la naturaleza circundante, hasta que de la nada aparecen restos, el dibujo de una escalinata, unos pilares, las barandas, la impar competencia entre los prodigios de la tierra y el triunfo de la mezquindad
Por escritura pública Ciudad de Invierno S.A dona al gobierno de Corrientes una superficie de 336 hectáreas, compuestas por calles, avenidas, plazas, hipódromo e instalaciones ferroviarias, corría junio de 1917, tres años habían pasado del cierre del Hotel Continetal y su mundo circundante.
Agobiados por el quebranto financiero los propietarios ponen en venta 2193 hectáreas que incluían al edificio principal, un médico de Mercedes afincado en Capital Federal compra en 1922 el paquete convirtiéndose en el propietario del palacete caído en desgracia.
Juicios por usurpación de tierras. el remate del mobiliario, objetos de arte, enceres, maquinarias, instalaciones terminan por vaciar de contenido al edificio, yendo paradójicamente algunos de esos ornamentos como las fabulosas arañas a parar a la Ciudad de Verano, o sea Mar del Plata.
1943 se fija como el año fatídico para la Ciudad de Invierno, ya que tres compañías de B.A se encargan de demoler el sueño visionario de la feliz burguesía del centenario.
Sin duda la parte mas conservada del edificio son las escalinatas, en especial estas que se presentan como las principales, las que separaban al resto del planeta de este fantástico mundo sacado de Las Mil y una Noches, y hoy sirven de acceso a una selva por momentos intimidante y por momentos sumamente romántica. A esta altura el temor a lo desconocido, a las serpientes, o a quién pudiera molestarse por encontrarme allí ya no me importaba más, quería permanecer todo el tiempo que fuera posible aunque sabía que no era lo correcto.
Y de repente se suman mas actores a esta puesta teatral, a esta orquesta que interpreta una sinfonía de jungla y escombros culturales, aparecen los arcos de la galería, aparece el entramado que sostenía el revestimiento de madera, aparecen diminutas porciones de piso que los asesinos de sueños se olvidaron de apropiar, aparecen molduras que coquetean con lapachos y jazmines de profundo perfume, aparecen sobrevivientes que desafiaron la dinamita, la picota y los negociados.
Y de repente los geométricos jardines de Tays, se convirtieron en anárquica jungla, y de repente la ambición y el ingenio de la clase dominante en la época bella yacen esparcidos cual cascote devorado por una crujiente capa de hojas, y de repente un sonido a agua que cae se convierte en orín de un enorme mono negro que se erige como actual propietario de la utopía, que me orine un mono suena como muy bizarro y creo que por un segundo me sentí el Fitzcarraldo perdido en los laberintos amazónicos.
Sumo a lo ya  visto los restos del casino y me imagino si algún alma en pena de aquellos viejos suicidios seguirá deambulando por el lugar, sumo grises paredes ya mudas de tanto gritar sin ser oidas, sumo siniestros huecos que comunican con profundidades que prefiero no imaginar, sumo los colores de mil mariposas, sumo tres verdes mas a los que ya conozco, sumo vacíos donde alguna vez brillaron vitraux, sumo la lucha que quiero quedarme pero debo volver.
Vuelvo sobre mis pasos, subo y bajo varias veces las escaleras, intento imaginar que sintieron quienes ostentaban la posibilidad de pertenecer al libro de cuentos, todo sabe a gran libro de cuentos mezcla de Quiroga con Scheherezade, de Tarragó padre con la 21 de Mozart.
Me espera nuevamente la barranca, el barro, las olitas marrones, las palmeras enanas, las cabezas de pescado, el saludo de algún que otro pescador, la tarde de principio de primavera, algo me espera, pero creo que algo de mí quedó en esa jungla, algo de mí quedará sentado eternamente en esa escalinata gris a la espera del final del cuento.



1 comentario:

  1. hermoso trabajo que combina imágenes con textos informativos, evocativos, emotivos...un gran hallazgo!

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