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lunes, 7 de enero de 2013

Un rosarino en Nueva York, Berisso, Buenos Aires

Desde hace mucho tiempo sentía curiosidad y ganas por conocer, transitar, respirar la famosa calle 2 de Berisso, o como se hace llamar cuando quiere verse coqueta, calle Nueva York. Ubicada a unos quince minutos del centro de La Plata, tiene espíritu orillero, huele al doque, a Riachuelo, a conventillo, sus veredas desnudan el paso del tiempo y el desinterés municipal, sus fachadas aun conservan gestos que las enmarcan como pertenecientes a tal o cual colectividad y sus vecinos, los más viejos conservan el acento de los primeros italianos, rusos, turcos que pisaron la Babel argentina. La calle tiene sentido si la pensamos paredón mediante lindera a los frigoríficos más importantes de la región, hoy reconvertidos en factorías donde se producen envases plásticos, pinturas, velas, y hasta creo haber entendido la famosa crema Hinds.
Los viejos recuerdan las romerías que se armaban, las peleas en dialecto, los olores a las distintas gastronomías populares, el colorido de la ropa de las mujeres, todo sucediendo en una calle de seis, siete cuadras de largo y sus transversales. Realmente me quedé con ganas de curiosear más, indagar mas detalles, honrar los murales, averiguar sobre como se gestó el 17 de octubre de 1945, sí, aquí en cierta medida comenzó la chispa que cambió la historia contemporánea de Argentina, quizás tenga que dedicarle todo un día, vale la pena, se percibe todavía ese sentimiento de clase tan genuino que se ha ido perdiendo junto con el fin de la historia.

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